La lectura de cuentos a los bebés

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Muchos padres y madres se preguntan a qué edad deberían comenzar a leerles a los bebés. Al fin y al cabo, si es muy pequeño no entenderá las palabras, piensan muchos. Pese a que esto es cierto, los expertos coinciden en lo enormemente beneficiosa que es la lectura de cuentos a nuestros hijos desde muy temprana edad. La doctora Laura L. Bailet, de la división de neurología del Nemours Children’s Clinic de Jacksonville, en Florida, aclara el panorama: “Un bebé no entiende todas las cosas que haces y tampoco por qué las haces, pero no podemos esperar a que el bebé comprenda las historias para comenzar a leerle, así como no esperamos a que entienda nuestras palabras para hablarle, o no esperamos a que aprenda a jugar para darle juguetes”.

Gustavo Medina vive en Caracas, es padre de tres hijos y recomienda con entusiasmo la lectura a los pequeños. Coincide con la doctora Bailet en que hay que comenzar a hacerlo cuando el bebé es pequeño: “No importa que el niño sea muy pequeño, mientras más temprano mejor; nosotros creemos que ellos no nos entienden porque son muy pequeños, pero aunque sea así, les da un enorme placer escuchar la voz de papá o mamá, o de un hermano mayor, contando una historia”, asegura, y añade: “Es una actividad que realmente compenetra a padres e hijos, además de proveer a la familia de momentos verdaderamente felices”.

La distribuidora y editora de libros infantiles Scholastic, que posee los derechos de los libros de “Harry Potter” entre muchas otras obras, hace algunas recomendaciones interesantes, como no limitarse a los libros infantiles (como el bebé no comprende, podríamos utilizar una novela o una revista), enseñarle al bebé las fotos si las hubiera, dejar que el pequeño toque el libro y lo sienta (con cuidado de que no lo dañe con sus manitos), estar preparado para repetir muchas veces la misma parte del libro cuando el pequeño muestre que le gusta y, por último, leerle de manera entusiasta, utilizando diferentes voces, imitando los sonidos de los animales y entonaciones exageradas y dramáticas.

Gustavo coincide con este último punto: “Es muy positiva la lectura dramatizada de cuentos antes de dormir, al final de la jornada. Sirve cualquier tipo de cuento, e incluso también podemos inventar las historias y dramatizarlas dándoles caracterizaciones particulares a los personajes, como cambiar el tono de voz, la gestualidad o la risa. Podemos crear nuestras propias versiones de una misma historia y observar la reacción de nuestro hijo”. Gustavo considera que hay que realizar esta rutina “a diario y de forma relajada” y destaca los beneficios de hacerlo con disciplina: “Esta actividad estimula su atención, su capacidad de observación, el buen humor, la inteligencia, le brinda seguridad y también potencia increíblemente su disposición para leer en un futuro y hablar en los primeros meses de vida”.

Scholastic también realiza algunas advertencias o puntualizaciones sobre lo que debemos evitar a la hora de leerles a los bebés, como tomarse de forma “personal” el hecho de que el pequeño se niegue a leer (no puedes forzarle si en un momento determinado no quiere que le leas, pues esto provocará que luego rechace esta actividad), impedirle que toque los libros o molestarte cuando rompa alguna página, pensar que estás obligado a terminar cada libro que has comenzado (esto puede agobiarte, y no se trata de llegar a una meta final sino más bien de una actividad continua), leer en tono monótono o aburrido o desesperarte por no tener su atención total durante algunos momentos (a los bebés les gusta moverse y eventualmente volverán a escucharte).

Nuestro amigo Gustavo lo tiene claro: “Leerles a nuestros hijos desde la más temprana edad crea un vínculo afectivo y un clima de confianza que se debe fortalecer permanentemente; más en los momentos actuales, en los que la tecnología aleja cada día más a los jóvenes de la lectura”.

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