Todo lo que debes saber si quieres dormir con tu bebé (Parte II)

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El hábito de dormir con nuestro bebé tiene muchas consecuencias positivas de las que ya hemos hablado en un artículo anterior, pero también conlleva riesgos y desventajas. A continuación te hablaremos de ellas, para que tomes una decisión consciente y manejando todas las variables. Algunos de los riesgos son lo suficientemente importantes como para no ignorarlos, aunque en ningún caso debemos alarmarnos. En última instancia, la consulta a un pediatra es siempre la opción más acertada.

Esta práctica es polémica. En Estados Unidos, la Consumer Product Safety Commission advierte a los padres que no duerman con sus niños por el riesgo de sofocación o estrangulamiento, mientras que los representantes de la American Academy of Pediatrics se decantan por compartir habitación sin compartir la cama, pues sostienen que reduce enormemente los riesgos de muerte súbita. Pese a todo, muchos padres defienden esta práctica pues consideran que es lo más natural y adecuado que los padres duerman con sus bebés y les transmitan todo su calor y amor.

La primera y más importante cuestión que debemos saber es que si el bebé ha nacido de forma prematura o con un peso reducido, lo más aconsejable es no dormir con él, sino colocarlo en una cuna cerca de nuestra cama. Esto hará que se reduzca el riesgo de que el pequeño de sobrecaliente bajo nuestras sábanas o cobijas, detalle muy importante puesto que una temperatura elevada es precisamente una de las causas de posible muerte súbita.

Por otra parte, si alguno de los padres ha estado fumando, bebiendo alcohol o está tan cansado que es incapaz de responder a los requerimientos del bebé, en ningún caso debería dormir con él. Además, no es recomendable dormir con el niño en un sofá o butaca. Éstas dos medidas son temas de sentido común.

Es probable que el bebé se mueva, patee, llore o se retuerza. Probablemente los padres no serán capaces de dormir con su bebé tan cómoda o profundamente como lo harían si el bebé durmiera solo. Además, si el pequeño está acostumbrado a dormir con sus padres, puede resultar un problema tener que dejarlo una noche con un familiar o una niñera.

Por otra parte, cuando llegue el momento de que el bebé realice la transición entre dormir con los padres y dormir solo, éste podría resultar un proceso largo y complicado. Generalmente,  a medida que es mayor el tiempo en que el duerme el niño con sus padres, más intenso es este posible problema.

Por último (aunque no menos importante) está el tema de la relación amorosa y sexual de la pareja. Indudablemente, la presencia del hijo en la cama elimina la posibilidad de las relaciones espontáneas y, en consecuencia, reduce considerablemente la interacción sexual. Por tanto, uno de los dos (o ambos) podrían sentirse frustrados ante esta situación.

Tras evaluar todas las posibles consecuencias negativas derivadas de esta práctica y contrastarlas con los beneficios explicados en la primera parte de este artículo (lazo más fuerte con el bebé, mejoras en la lactancia, sueño más profundo, cercanía para atender posibles problemas del bebé), los padres serán capaces de tomar una decisión responsable y consciente sobre adoptar o no esta práctica. Más allá de la tentación inicial de estar muy cerca del bebé, es necesario actuar conociendo las implicaciones de nuestras decisiones.

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