El tesoro de los dientes de leche

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Los dientes de leche tienen todas las de perder desde que surgen de las encías. Nuestros niños tienen tal cantidad de descubrimiento y aprendizaje pendiente que no puede sorprendernos que esta dentadura caiga en segundo plano.

La falta de protagonismo es sólo el más inofensivo de sus contratiempos. Para empezar estamos hablamos de choques, casi asegurados, contra el duro suelo. En cualquier momento, entre que comienzan a sostenerse sobre sus pies hasta que dominan el complicado arte de oponerse a la gravedad con suficiente gracia para caminar, es casi seguro que un diente caiga en la faena.

Siempre existirán numerosos contratiempos dispuestos a perjudicar los dientes de leche: objetos de todas las formas y tamaños, cuyo objetivo obstinado es ir a parar en las bocas de los niños y ser mordidos sin miramientos, aumentan las posibilidades de un diente de leche roto. El azúcar en multitud de alimentos populares entre los niños y el vicio de chuparse el dedo provocando desvíos son sólo algunos de los peligros para los dientes de los niños.

Como si esto fuera poco, hay que añadir que el índice creciente de problemas odontológicos imprevisibles entre los niños no deja de cobrarse dientes de leche por todas partes. Aumenta anualmente la cantidad de niños con propensión mayor a la media de producir caries, y aparecen cada vez más  dientes torcidos y montados. Todo por un sin fin de factores difíciles de controlar para cualquier padre, por más atento y dedicado que sea.

La venganza de los dientes de leche

Los dientes de leche forman parte de los recursos corporales no renovables más indispensables. Al menos hasta la llegada de los dientes de hueso. Debemos proteger la capacidad de nuestros niños para masticar correctamente. De lo contrario es muy probable que su nutrición se vea gravemente afectada y, con ello, su salud integral. Sin contar con la cuota de incomodidad y malestar considerables que todo diente en mal estado produce, potenciados por la sensibilidad de los niños

Lo principal es asegurarnos de proporcionar una limpieza profunda y concienzuda a la dentadura de los pequeñines. En primera instancia el asentamiento de este hábito le corresponde a los padres, quienes deben inculcarle a sus hijos la disciplina para llevar a cabo la limpieza de todos sus dientes al menos tres veces al día. Las muelas suelen ser las más desatendidas por lo incómodo de su lugar en la boca y por la resistencia que dichos pequeñines oponen a los esfuerzos de limpieza. El lado interior de los dientes, el que da hacia la lengua y el paladar tampoco recibe la atención que merece. Por ello ambas áreas deben recibir especial dedicación.

La dificultad no puede valer más que las consecuencias que el descuido de la higiene bucal acarrea. En pocas semanas es posible que un niño con una dieta alta en azúcar y un cepillado deficiente desarrolle un número considerable de caries; y si limpiar en casa fue arduo enfrentarse a una limpieza odontológica seguro lo será mucho más. Por ello a pesar de los obstáculos y contratiempos que día a día se presenten nunca se debe desmayar en los esfuerzos de mantener la rutina de higiene bucal.

Ligas mayores de cuidado bucal

Los dientes de leche son mucho más frágiles y propensos a caries que los de hueso. Por este motivo es importante contar con un odontologo apto tanto en el trato con los niños como en el desempeño de su conocimiento profesional. Las medidas de prevención, a pesar de su relevancia indiscutible, funcionan como apoyo al servicio de seguimiento y tratamiento dental que el odontólogo tiene la capacidad de prestar.

Recordemos una vez más que lo efímero de los dientes de leche no significa de ningún modo que puedan pasarse por alto. No es que sea correcto esperar que se caigan y que los muchachos muden en el descuido. Aparte de la concordancia que el estado de los dientes de leche tiene sobre los posteriores dientes de hueso, debe resaltarse la oportunidad única que esta etapa temprana ofrece para inculcar buenos hábitos de limpieza y cuidado. No la desaproveches.

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