Las desventajas de dar a luz en el agua (Parte II)

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Hace poco hablábamos de las indiscutibles ventajas que ofrecía el parto en el agua, como la gran relajación que proporciona a la madre y al bebé, la capacidad de ayudar a que el nacimiento no sea un momento traumático y la disminución del dolor. Hoy, sin embargo nos referiremos a las desventajas de esta técnica, pues evidentemente también existen.

Uno de los mayores riesgos a la hora de realizar el trabajo de parto sumergidas en el agua es el de una posible infección. Cuando una mujer pare, abre sus entrañas y el riesgo de contraer una infección se eleva, aunque los residuos sean limpiados rápidamente por la enfermera. De cualquier manera, el parto normal tampoco es una práctica estéril o exenta de este tipo de riesgos, así que no es un argumento de peso como para huir de esta técnica. Sí es necesario hacerlo en una clínica habilitada, pues las investigaciones muestran que el riesgo de infección es igual en ambos casos, siempre que las condiciones sean adecuadas.

Otro inconveniente es que la madre pudiera sentirse incómoda por el hecho de que la partera tenga que limpiar constantemente el agua de los desechos propios del parto. Es conveniente relajarse y pensar que las profesionales están muy acostumbradas a este tipo de procesos, así que la madre debe concentrarse en vivir el momento con tranquilidad y dejar a la partera hacer su trabajo.

También puede resultar decepcionante en algunos casos para la mujer percatarse de que el parto en el agua no reduce los dolores de parto (puede ocurrir en algunas mujeres) y, lo que es peor, muchas veces la mujer debe salir del agua para que le sean administrados calmantes e incluso la epidural. Esta experiencia puede ser bastante frustrante. Y además hay otros casos que podrían obligar a la mujer a salir del agua, como el caso de una complicación en el parto. Ser sacada de la piscina por una complicación puede resultar muy desagradable, y esta medida se tomará en algunos casos, como los siguientes: existe algún problema en el ritmo cardiaco del bebé; el parto va demasiado lento; se produce sangramiento de la madre; sube la presión sanguínea de la madre; la madre se siente aturdida o mareada; la primera deposición del bebé se detecta en el agua; la piscina se ensucia demasiado.

En el momento del nacimiento pueden presentarse otros problemas, como que el bebé comience a respirar debajo del agua. Sin embargo, los recién nacidos tienen una manera de protegerse en estos casos, llamada ‘reflejo de buceo’, con la cual instintivamente cierran las vías respiratorias impidiendo el paso del líquido. Por otra parte, se monitorea al bebé durante todo el parto para asegurar que recibe la suficiente cantidad de oxígeno. No existe hasta el momento ninguna evidencia de que los niños nacidos en agua presenten problemas respiratorios en mayor medida que los demás.

Por último, está el riesgo de ruptura del cordón umbilical, que está determinado por la  manera rápida en la que el bebé es llevado a la superficie tras nacer. En algunos casos minoritarios esto provoca la mencionada ruptura. Esto no supone un riesgo vital si la partera tiene suficiente experiencia, pero siempre se aconseja tirar con cuidado del cordón a medida que se eleva al bebé.
En cualquier caso, como comentamos en la entrega anterior, en Venezuela existe la opción de Aquamater, cuyos teléfonos de contacto son: 9936241 o 9930278.

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