Los tíos también cuentan

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Con frecuencia hablamos de la maternidad o paternidad desde el punto de vista de las madres y padres, o incluso desde la experiencia que da esa especie de doble credencial que es ser abuelos. Sin embargo, un enfoque interesante es el de los tíos (sobre todo el de los que no tienen hijos) que, como se suele decir, “ven los toros desde la barrera”… o al menos eso pareciera en un principio. Este posicionamiento con respecto a las implicaciones de tener hijos (cercano y a la vez, alejado) hace que los tíos sean una fuente profundamente interesante a la hora de abordar este tema. Por este motivo hemos contactado con Óscar Esquinas, profesional de la filología y la corrección editorial nacido y radicado en Barcelona, España. Óscar tiene 32 años y tiene dos hermanas mayores que ya son madres. Su hermana Eva, de 36 años, se casó en 1999 y tuvo a su primer hijo, llamado Óscar en honor a su abuelo, en el año 2001. Su otra hermana, Laura, contrajo matrimonio en 2006 y ya tiene dos hijos; Nicolás, que nació en 2008, y la pequeña Nora, de sólo seis meses. Óscar Esquinas, que no tiene hijos (“tampoco entran en mis planes”), ha estado observando a sus hermanas y sobrinos y tiene mucho que decir.

“Como tío, creo que los principales retos de los padres de mis sobrinos han sido dos: velar por su salud y ofrecerles una buena educación”, explica, y destaca las grandes diferencias entre los pequeños Óscar y Nico pese al hecho de ser primos: “Óscar estudia en un colegio concertado (semiprivado), mientras que Nico va a uno público (no religioso). Otra diferencia entre ambos es que Óscar fue bautizado y Nico no. Los padres de Nico y Nora no quieren tener nada que ver con la religión. Los de Óscar no es que sean religiosos, pero lo bautizaron por tradición. Eso sí, la comunión no la hizo”, precisa. Escuchando a Óscar, uno no puede dejar de pensar en la suerte que puede resultar el hecho de conocer la paternidad desde el punto de vista del tío antes de embarcarse en la aventura que es ser padres. Y es que realmente sólo le queda disfrutar.

– Cuando nos juntamos toda la familia en casa es un caos, no hay conversación, sólo se escuchan frases del tipo “Óscar, deja eso”, “Nico, cómete la carne” o “Nora, ¿por qué lloras?”, pero también tiene su parte divertida, claro está. Mi sobrino Óscar me cogió el móvil un día y me lo metió en el vaso de Coca-Cola a ver qué pasaba. Nico otro día se metió en una conversación que manteníamos sobre los concursantes de “Gran Hermano” e impuso un brusco cambio de tema: “Pues Blancanieves…”. Nora aún es muy pequeña, pero ya estamos deseando ver qué ocurrencias tiene.

La mayoría de psicólogos infantiles y pediatras coinciden en subrayar la importancia del papel de los tíos en la formación de la personalidad de los pequeños. Es conveniente que los tíos participen en la educación de sus sobrinos y que estén presentes. Algunos de los aportes más importantes de un tío se consiguen cuando éste se mantiene unido a sus sobrinos, lo cual puede lograr de muchas maneras; debe estar siempre presente y no desaparecer, así como acudir a los eventos importantes en los que participen sus sobrinos; ser cercano y comunicativo; los niños deben sentir que es confiable y no revelará sus secretos;  debe ser divertido y no dedicarse a regañar a sus sobrinos permanentemente a menos de que sea estrictamente necesario (para esto ya están los padres); por último, un tío debe saber escuchar a sus sobrinos. Si se cumplen estas características en una relación entre tío y sobrino, el vínculo afectivo perdurará en el tiempo.

“Ser tío es divertido”, reflexiona Óscar. “No tienes la responsabilidad de los padres y puedes jugar a ser el tío cool. Hasta ahora he pasado pocas veces a solas con ellos, porque para mí son pequeños, pero es enternecedor cuando estás solo con ellos y te cuentan o te preguntan cosas. A mí en particular me gusta ser el tío payaso, que no se avergüenza de bailar o cantar para que se rían, y la verdad es que se desternillan cuando les hago el tonto. A mi sobrino el mayor sí que me lo ha llevado ya al McDonald’s y espero poder hacer cosas así pronto con los otros dos, pero aún los veo muy pequeños para llevármelos yo solo”, remata.

Óscar resalta el valor de la colaboración de la familia en el cuidado y crianza de los niños, cosa necesaria y deseable en un tío: “Mis hermanas y sus maridos trabajan todos, de modo que mis tres sobrinos siguen el mismo camino: van a la guardería antes de entrar en el colegio, y mis padres y otros familiares se encargan de ellos cuando sus propios padres no pueden”. Además, Óscar explica serenamente los problemas que ha observado desde una posición de cierta comodidad: “Mi sobrino mayor, Óscar, juega al fútbol en sus ratos libres. Hasta ahora saca muy buenas notas, pero empieza a ser algo rebelde. Su padre es un nervio y el niño ha salido a él. A veces es difícil hacer que se porte bien; si siente que tiene el control, nadie puede con él. En cambio, a Nico, aunque sólo tiene cuatro años, se le ve un carácter distinto, más dócil. Su madre, mi hermana, es psicóloga y sabe mejor cómo llevarlo. La madre de Óscar es más permisiva y le permite casi todo”.

Pese a que todo puede parecer relajado y divertido desde la perspectiva de los tíos, Óscar se despide con una reflexión: “La parte mala de tener sobrinos es que los ves crecer muy rápido, y entonces te das cuenta de que tú también te haces mayor”.

 

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