Marialejandra Martin, madre total

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Patas Arriba

La actriz Marialejandra Martin sabe lo que es ser madre, tanto en la realidad como en la ficción. Cuando tenía quince años dio a luz a su hijo Luis, que hoy supera ya la treintena y con quien mantiene una relación fantástica. Además, en la cinta “Patas Arriba”, recientemente preseleccionada para participar en los Premios Goya 2013 como Mejor Película Iberoamericana, la actriz interpreta el personaje de Anita, una madre embarazada que nos enseña en un abanico abierto muchas de las facetas de la maternidad.

Anita es la madre de la pequeña Carlota (papel interpretado con enorme ternura por Michelle García, la propia hija del director Alejandro García Wiedemann) y además está embarazada de otra niña que se llamará Margarita y vendrá a pintar de nuevo una sonrisa en el rostro de su madre tras una etapa de dudas y sufrimiento. Anita es varias madres a la vez y por eso muchas pueden sentirse identificadas con ella: es la madre de una niña pequeña, la madre embarazada, la madre que piensa en el divorcio y la madre que se reencuentra con la alegría.

Una madre a cada lado de la pantalla

Mariale, como le dicen sus amigos cercanos, confiesa que se inspiró en sí misma para dar vida a esta suerte de compendio de madres dentro de “Patas Arriba”: “¡Es que aunque no quisiera! Mi parto ha sido sin duda el momento más emocionante, conmovedor, hermoso, profundo y feliz de mi vida. Así lo identifico a pesar del tiempo que ha pasado desde que tuve a mi hijo. Así lo recuerdo y lo siento hoy en día”, explica con pasión.

La experiencia de la maternidad es tremendamente intensa y la actriz consiguió trasladarla a su papel en la película de una forma tan realista que se vio sorprendida por las sensaciones. “Me pasó una cosa realmente extraña”, explica. “Luego de leer el guion y saber que interpretaría el papel de Anita (que está preñada durante casi toda la película) comencé a experimentar cambios físicos que me llevaron a creer que yo también estaba embarazada. ¿Puedes creerlo? Por momentos estuve convencida de que eso me estaba pasando. Se me desajustó la menstruación y sólo volvió a la normalidad cuando terminó el rodaje. No lo podía creer. Creí que, luego de tanto tiempo, tendría otro hijo”.

Durante la aproximación a un papel pueden ocurrir sorpresas de este tipo; en cierto punto el subconsciente podría tomar el control. Anita provocó que en el alma de Mariale resurgieran las sensaciones de aquel momento en que se convirtió en madre, hace años: “Sin haberlo planeado, el tema del embarazo era el que se me enganchaba con más fuerza. Y también, sin haberlo planeado, el hijo que llega (¡y cambia tantas cosas y te transforma de tantas maneras!), para mí como mujer, como actriz y como Anita, fue el verdadero tsunami en la vida”.

Un mensaje y una lección a los padres

La maternidad es una gran responsabilidad. Después de tener un hijo, las decisiones que se toman y la manera de afrontar los problemas tienen mayores implicaciones que las individuales. “Patas Arriba” toca el tema del divorcio y de cómo afecta a los hijos, y al final nos deja lecciones importantes.

Patas Arriba

Durante buena parte de la película, Anita luce distante. Hay algo que la mantiene en un estado de perturbación emocional permanente y tiene que ver con su propio matrimonio. A un espectador podría parecerle que abandona de cierta forma a Carlota, pero Mariale cree que no es así. Todos aprenden una lección gracias a don Renato (interpretado por el maestro Gonzalo Camacho), padre de Anita y abuelo de Carlota, y al final de eso se trata la familia: “Su abuelo cómplice se ha asegurado de que Carlota reciba la lección. Ella es en buena parte obra suya; Carlota es una niña demasiado sana y lo entiende todo, incluso antes de que lo entienda Anita”.

La guionista Gabriela Rivas Páez explica que “Renato rescata a Carlota de sus temores, de sus dudas. La sostiene y la contiene, porque ella sí se ha dado cuenta que sus padres están al borde de un divorcio”. El abuelo interviene porque “Anita simplemente no tiene espacio en su corazón para pensar en nada más y su preocupación es tanta que ni a su propia hija logra escuchar”.
El problema de Anita tiene que ver con un secreto que la atormenta y que “no le confía a nadie”: “Está sola con el secreto. Con la cabeza siempre en el pecado que esconde y del que no sabe qué consecuencias va a traerle. Tal vez caerá la máscara y se verá que el matrimonio es una farsa, tal vez aflore la frustración de una mujer profesional, con dos hijos y un marido ausente, que ve cuesta arriba remontar su camino; un camino que su marido ha podido continuar con tanto éxito, pues a fin de cuentas él no es la madre”, explica Mariale.

Don Renato enseña a su familia que el divorcio no tiene por qué ser una tragedia si se lleva de la manera correcta. “¿Podría continuar el matrimonio después de todo? Yo pienso que no, porque hacia el final ya Anita ha recibido la lección que su padre quiso dejarles. Ha crecido”, dice Mariale. Esta lección es la de “recibir lo diáfano de la vida con amor y sencillez: “Renato es un padre sabio que no quiere morir sin antes asegurarse de que sus hijos entiendan que vivir de prejuicios, imposturas y clichés es una pérdida de tiempo”.

El parto vertical

La escena del parto es una de las más emocionantes de la película. Anita comienza a sentir los dolores inesperadamente y se ve obligada a parir de pie en una esquina de la cocina. “¡Fue emocionante!”, relata Mariale. “Anita no espera que se le adelante el parto y arriba en Galipán no hay mucho sitio al que correr. Da a luz de pie porque esa esquina hace un ángulo que le permite apoyarse con fuerza para pujar. Cuando la naturaleza pega el grito… a Belén, Pastores!”, exclama.
El rodaje de la escena de parto fue vivido intensamente por el equipo, tal y como relata Gabriela: “Para nosotros ver parir a Mariale fue impactante, ella definitivamente estaba pariendo, su actuación a todos nos dejó muy conmovidos”, asegura, y explica que la decisión de que Anita diera a luz estando de pie fue casi una declaración de principios: “El parto vertical es el más natural de todos, el más fácil para la mujer pues la gravedad la ayuda, y si la parturienta no es primeriza, todo es aún más sencillo. El parto con la mujer acostada es un invento de los médicos, para trabajar más cómodamente, pero es una posición contranatural”.

Las lecciones de la maternidad

“Nacer, crecer, casarse, divorciarse, envejecer, morir… ¡es todo tan natural!”. Esta frase la pronuncia don Renato y la comprende la pequeña Carlota incluso antes de que lo haga su propia madre. Pero cuando Anita da a luz a su segunda hija, la pequeña Margarita, inmediatamente vuelve a sonreír. “El nacimiento de Margarita le abre los ojos del alma a Anita en todo su esplendor con respecto a sus dos hijas y a su matrimonio”, cuenta Mariale.

Una mujer jamás vuelve a ser la misma tras dar a luz. Mariale, madre en la realidad y en la ficción, lo sabe perfectamente: “Ser madre es un amasijo de amor, temor, alegría, privilegio y compasión, todos inmensos y profundos”, explica la actriz. “Es una serie de planos-detalle de momentos importantes y trascendentes de la vida del ser que más amas. No tengo ningún consejo, no tengo fórmula, todos acertamos y todos nos equivocamos, pero nadie debería perderse la aventura, la responsabilidad, la irresponsabilidad, la locura, la importancia, el estrés, la emoción, la sensación, la profundidad, la seriedad, la belleza, la felicidad y la bendición de tener un hijo”.

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