Ser madre o no serlo. He ahí el dilema

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Ser madre en estos tiempos es una decisión que se toma, en muchos casos, con algo más de cuidado y conciencia que antaño. Tener hijos ha dejado de ser algo que se hace porque “es lo natural” y ha pasado a ser una decisión que la mayoría considera importante y que merece algo de reflexión. Esta realidad ocasiona irremediablemente un descenso en las tasas de natalidad y, también, inesperadas consecuencias emocionales. Según un estudio desvelado en el último Congreso de la Sociedad Española de Fertilidad, aproximadamente un setenta por ciento de las mujeres mayores de treinta años que no tienen hijos presentan algún impacto emocional que en ocasiones se traduce en ansiedad o depresión.

Pese a estos riesgos y a la enorme felicidad que produce la llegada de un bebé a una familia, las reticencias son difíciles de vencer para muchas parejas. Las mujeres viven este tema con más intensidad por razones obvias. Según Luisa Abigail, una abogada venezolana de treinta y seis años que reside en Noruega, el problema radica en el egoísmo de estas generaciones: “Creo que estamos más enfocados en tirar palante y en procurarnos un mejor futuro. Es un tema más de egoísmo que de no traer niños a un mundo que vive tiempos complicados. Muchos dicen eso, pero creo que en realidad lo que les preocupa es apurar hasta el final sus propias vidas antes de tener hijos”, asegura.

María Lina Garmendia es una caraqueña de treinta y cinco años que trabaja en Barcelona, España, como webmaster de una compañía. “En este momento mi ritmo de vida no me permitiría dedicar tiempo de calidad a un hijo”, expresa reflexiva, coincidiendo con la idea de que conviene esforzarse por uno mismo antes que dar el paso de dedicar una parte importante de tu vida a un niño. Pese a todo, María Lina confiesa que el tema no es fácil de despachar y que es cierto que tener hijos es una parte de la propia vida de las personas que no se puede aparcar indefinidamente y sencillamente dedicarse a pensar en otras cosas.

La idea de afianzarse o consagrarse para posteriormente concebir es un criterio dominante, según revela el estudio citado con anterioridad, que determina que casi un setenta y cinco por ciento de las personas opinan que la edad ideal para tener hijos es entre los treinta y los cuarenta años, porque hacerlo de esta forma permite “conseguir estabilidad económica”. Sin embargo, dos de cada tres encuestados creen que “no es bueno” retrasar la edad de tener hijos.

Deshojando la margarita

Al parecer, para muchas mujeres el tema es un “sí pero no, no pero sí”. Estefanía Navarro, editora de contenidos de veintinueve años nacida en Tarragona, expresa diáfanamente esta, para muchas, confusa dicotomía: “Lo primero en lo que pienso cuando me preguntan por qué tardamos tanto en tener hijos es en la complicada situación que vivimos y en la imposibilidad de pensar en formar una familia sin tener un trabajo con un sueldo digno, que nos permita cubrir necesidades tan básicas como una correcta alimentación y una vivienda”, comienza, aunque inmediatamente después matiza: “Pero si reflexiono un poco más, siempre llego a la conclusión de que en realidad usamos esta situación y el anhelo de encontrar el momento perfecto (que evidentemente no existirá jamás) como excusa para no tener hijos, porque somos demasiado egoístas. Y ser padre y madre es incompatible con ser egoísta y supone muchos sacrificios que en muchos casos no estamos dispuestos a asumir”.

Por su parte, Diana Bello, actriz y bailarina venezolana de treinta y tres años que también reside en la ciudad condal, coincide con el segundo punto expresado por Estefanía: “Si quisiera tener un hijo, lo tendría. No habría problemas con la situación ni con el dinero. Tampoco creo que no tenga hijos porque quiera disfrutar de mi vida. Creo que sencillamente se trata de que no ha llegado el momento. Yo pienso que a la gente, cuando de verdad le entran las ganas, tiene hijos y punto; ahí no los frena nada. Lo digo porque lo he visto en muchas amigas”, asegura.

Los avances médicos les permiten a las mujeres pensárselo muy bien antes de quedarse embarazadas; hoy es más seguro que hace algunos años dar a luz estando en los cuarenta y, además, existen los métodos de reproducción asistida. Sin embargo, conviene conocer la realidad. La doctora Valerie Vernaeve, citada en el estudio, asegura que “a los treinta las probabilidades son del setenta y ocho por ciento y se van reduciendo hasta que, a partir de los 40, es difícil quedarse embarazada con los propios óvulos”. Como dice nuestra entrevistada Luisa Abigail: “Siempre he pensado que si se pudieran tener hijos hasta los cincuenta, ni siquiera me plantearía este tema hasta por lo menos los cuarenta y ocho. Pero no es el caso y ya pienso bastante en el tema a mis treinta y seis”.

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